martes, 1 de julio de 2014

jueves, 15 de mayo de 2014

A Kenean y Leo

Primera carta.

No os puedo decir que la maternidad fue una bendición desde el comienzo, pero puedo contaros la verdad. Y es esta:

Al principio fue una ocupación a la que debía adaptarme y que a veces me molestaba. 
También fue una alegría y una satisfacción. Era la responsabilidad mayor que había tenido nunca y desde el primer segundo no pensé otra cosa más que hacer bien mi trabajo.
Al principio tuve dudas y muchísimos temores.
Al principio llegué a pensar que lo mejor para ambas sería que abandonase.
Leo llegó después de este período, cuando todo era más fácil, aunque asumir y aceptar son tareas que jamás se terminan.
La persona que era entonces y la que soy ahora son dos diferentes que apenas se reconocerían más que por los rasgos.
Cumplir mis nuevos cometidos y discriminar lo que es importante en mi vida me ha llevado a evolucionar y a conocerme mejor, de modo que puedo afirmar rotundamente que más me habéis aportado vosotras a mí de lo que yo os pueda aportar nunca.
De la madre que pensé que sería a la que he llegado a ser hoy hay un gran trecho, afortunadamente. Aún así disto mucho de ser un ejemplo ideal, por lo cual espero que algún día, cuando comprendáis esto que os escribo, me perdonéis.
Acerca de las afirmaciones y tópicos sobre maternidad os tengo que decir que la mayoría, en mi caso, son ciertos:
-         no puedo hablar de vosotras sin emocionarme
-         no puedo estar más orgullosa de mis hijas
-         vivo con ansiedad constante, temerosa de que algo malo os pueda ocurrir
-         descanso cuando no estáis a mi lado
-         también disfruto mi tiempo, que ahora valoro enormemente
-         mi amor por vosotras es absoluto e incondicional
No hay nada que hayáis hecho o vayáis a hacer en el futuro que haga que deje de quereros.



jueves, 24 de abril de 2014

La inutilidad de la Gramática

Cuando Antonio de Nebrija presentó la primera Gramática de la Lengua española a la reina Isabel en 1492, ésta le preguntó para qué querían una gramática de una lengua que ya hablaban. Hoy, a los que estudiamos Filología Hispánica nos preguntan a menudo para qué sirve.

Dejar de lado las reglas de una lengua significa retroceder 500 años y asumir que nadie va a hablar ni escribir correctamente. Significa que no hay normas, con lo cual cada uno construirá las frases como mejor le convenga. Del mismo modo diferentes personas utilizarán diferentes grafías para un mismo sonido, atendiendo a sus costumbres o preferencias, y el sentido de lo escrito o dicho jamás podrá ser interpretado de forma veraz, pues los matices son muchos y la subjetividad, infinita.

Ni hoy ni ayer se le ha dado la suficiente importancia a la lengua como para contratar a un experto y asegurarnos de que lo que decimos es correcto. Incluso en medios de comunicación modernos se siguen viendo numerosas incorrecciones. Con todo lo cual se puede afirmar que estudiar lengua española en España es, a efectos prácticos y laborales, poco productivo. Pero que es absolutamente necesario, de eso estoy segura.


viernes, 13 de diciembre de 2013

Buscando al lobo estepario

Cuando era pequeña estaba segura de que cambiaría el mundo.
A estas alturas me conformo con no estropearlo.


martes, 17 de septiembre de 2013

Hipótesis

Dios creó libre al hombre para cuando éste errase continuamente poder decir que no era Su culpa.


martes, 3 de septiembre de 2013

Cosas curiosas

Ayer por la tarde.

Joven español con una dicción horrible: ¿Qué paza?
Dependienta china que habla español con acento de su lengua natal: Holá.
J.E.C.U.D.H.: ¿Tenéi crimillera?
D.C.Q.H.E.C.A.D.S.L.N.: ¿Cre-ma-lle-ra?
J.E.C.U.D.H.: Zí.
D.C.Q.H.E.C.A.D.S.L.N.: Sí, aquí.

domingo, 24 de febrero de 2013

La eme con la a

Me he decidido a dejar hoy este post porque hace tiempo que vengo alarmándome ante la cantidad de graves errores ortográficos (y hasta gramaticales) que observo en todas partes. Y no me refiero sólo a las conversaciones informales de las redes sociales, en las que es normal no estar pendiente de formalidades por el tono de la comunicación, sino en artículos profesionales, prensa, televisión y publicidad.

La imagen de este post corresponde a un anuncio que últimamente circula por las calles de mi ciudad. El error no es ortográfico sino de redacción, tan desastrosa que cambia el sentido del mensaje que quiere dar.
Aunque la intención de la organización responsable es buena y desinteresada, y aunque la empresa publicitaria (si la hay) seguramente ha puesto su mejor voluntad en hacer el anuncio, poco (muy poco en realidad) costaba poner atención y añadir una coma entre perecederos y que.



Transcribo aquí el texto del anuncio porque no se ve muy bien en la imagen:

    Poner la mesa es todo un regalo
    Te regalamos una semana en una de nuestras plazas de residentes por cada 2kg de alimentos no perecederos que donaremos al Banco de Alimentos de la Costa del Sol. Infórmate en cualquiera de nuestras oficinas (...)

Este texto, literalmente, dice que por cada 2kg de alimentos que esta organización donará al Banco de Alimentos me dará una semana en una de sus plazas de residentes.
Ah, pues estupendo, ellos donan y a mí me regalan una plaza. Perfecto.

Este es el texto con la coma que dije al principio:

    Poner la mesa es todo un regalo
    Te regalamos una semana en una de nuestras plazas de residentes por cada 2kg de alimentos no perecederos, que donaremos al Banco de Alimentos de la Costa del Sol. Infórmate en cualquiera de nuestras oficinas (...)

El sentido ha cambiado bastante. Aunque no lo especifica (que sería lo apropiado) se entiende que por cada dos kilos de alimentos que el lector del anuncio les entregue, y que ellos donarán al Banco de Alimentos, le regalarán una semana en una de sus plazas.

Pero aún se puede mejorar más:

    Poner la mesa es todo un regalo
    Te regalamos una semana en una de nuestras plazas de residentes por cada 2kg de alimentos no perecederos que dones a nuestra campaña de recogida, y que nosotros donaremos al Banco de Alimentos de la Costa del Sol. Infórmate en cualquiera de nuestras oficinas (...)

Ahora sí. Cuidando un poco lo que se escribe (o consultando con alguien que tenga sentido común si a nosotros nos falta) el mensaje es claro y no lleva a equívocos.